Domingo XIII

En el Evangelio de San Lucas de este domingo se presentan varios diálogos de Jesús con gentes que quieren seguirle. Parecen muy radicales los planteamientos del Señor a no dejar que uno entierre a su padre o que otro ni siquiera pueda despedirse de su familia. Ese radicalismo podría parecer que estaba en contra de la libertad personal de cada uno. No es así. La «petición fuerte» sorprende y trae, sin duda, un camino de reflexión. Y ahí es donde todo se hace grande, porque una misión que ni siquiera permite seguir unos legítimos compromisos familiares da idea de su enorme dimensión. Y, también, obliga al análisis personal, porque no se puede aceptar nada que lleve una petición tan importantes, si no es mediante la reflexión y la decisión personal.

2. – El Señor va a decir también que no tiene lugar donde reposar su cabeza, ni lugar alguno de descanso. Sus discípulos, al seguirle, deberán tomar conocimiento de otras de las características del trabajo propuesto. Los consuelos habituales que puede dar el entorno, o la familia, no son posibles. El único consuelo –y no es poco– es saberse que uno va en pos de Jesús. Pero todo esto es posible. Es una opción, no un camino imposible. La semana anterior Jesús nos pedía que cargáramos con nuestra cruz y le siguiéramos. Hoy es lo mismo. El seguimiento es sin condiciones, porque la misión es muy grande.

3. – La Cruz no es una búsqueda masoquista de dolor a ultranza. Es la aceptación de la vida como viene. Y a veces en nuestra vida no hay dolor, hay otras cosas también difíciles, como la mediocridad de un ambiente. En arameo, la lengua de Cristo, cruz y yugo tienen la misma raíz y no olvidemos que el mismo Jesús nos ha dicho que «su yugo es suave y su carga no es pesada». Tras aceptar el camino de seguir a Jesús, él mismo nos va a dar fuerzas. Lo radical, sin duda, está en la decisión de agradecimiento a Dios y de encuentro con los hermanos. Todo lo que queráis hacer por Dios, ofrecerle o entregarle, que sea por amor y desde la libertad. Y también con valentía, porque “el que echa mano al arado y sigue mirando para atrás no vale para el reino de Dios”.