15 de octubre

Tu amante corazón Teresa,
en su fuego de amor, ardió tan fuerte
que ni aún la podredumbre de la muerte,
pudo hacerlo extinguir cual vil pavesa.

Se quedó como una prueba impresa
de quien sintió tan mística hermosura
y esperó más allá, ¡tanta dulzura!
que de su cuerpo, tenía el alma presa.

Y morías, por no morir Teresa,
pues sabías segura tal ternura
y esperabas amor con tal certeza

Que cuando al fin te liberó el amado,
y en pos de él, volaste con premura,
quedose acá, tu corazón enamorado.