Domingo XVI

A veces la vida se vuelve oscura, áspera, anodina, pesada… a veces en nuestra existencia aparecen malas hierbas, cizañas, entre tanto bueno sembrado. Esas cizañas pesan mucho, duelen mucho, no las pusimos nosotros ahí, y sin embargo, ahí están. Y nos da el bajón, y nos inunda la tristeza y el desánimo. ¡Tan buena cosecha esperábamos y aparece esto! Hoy el Señor nos invita a la paciencia y a la sabiduría. No hay que desesperar por mucha cizaña que aparezca en nuestro campo, hay que dejarlas crecer juntas, y en su momento llegará el tiempo de la siega.

No hay que querer adelantar procesos, quemar etapas, encajar todas las piezas del rompecabezas de nuestra vida a la vez… llegará su momento. No sea que por querer arrancar la cizaña también nos llevemos el trigo que aún no está maduro. Las prisas nunca han sido buenas consejeras, menos aún cuando el terreno a cuidar ha de dar frutos que perduren y edifiquen la propia vida.

Las espigas cuajadas de grano germinaron de semillas que se pudrieron en la tierra, que supieron entregar su vida y romperse, para dar a luz algo nuevo. Muchas veces se nos llena la boca de “entregas” y “fidelidades eternas” pero se nos olvida caer en tierra y morir. Ser capaces de cambiar la propia forma, para que germine vida nueva. El amor y la entrega traen inseparablemente dolor y sinsabores; porque suponen siempre dar, entregar, “pudrirse en la tierra” y, por un momento mientras das y “te pudres” por otro te quedas sin nada y muerto. Detrás de cada espiga hay una hermosa entrega del grano a la tierra, y eso la hace valiosa.

También así nuestra vida, que se hace hermosa, llena y cuajada de vida, en la medida que sabemos entregarla/pudrirla por otros. Se llena de amor auténtico, se llena de valor. Y esto ocurre aunque alguien decidiera poner cizaña en nuestro camino. Cada espiga conserva todo su valor e importancia. Y si alguna vez os puede el desánimo, la tristeza, la angustia… al ver en vuestro campo la cizaña recordad lo que dijo Pablo: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad”. Él nunca nos deja y acompaña de día y de noche el crecimiento de nuestro campo.

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